Uno de los resultados muestra que gran parte de lxs participantes en el proceso minimiza la violencia ocurrida durante la pandemia. Una de las justificaciones que escuchamos reiteradamente fue que la violencia se debía al “estrés” que las personas vivían al estar encerradas durante tanto tiempo, considerándolo como un factor que desencadena procesos violentos y sirve de “desahogo”.
Para nosotrxs el número de casos, denuncias y feminicidios registrados en la pandemia hizo innegable la real situación de las mujeres que viven violencia en sus entornos cercanos. La mayoría de lxs jóvenes consultados continúa percibiendo a la figura paterna como una persona lejana que se muestra fría, que reprime sus emociones o está ausente. Y sobre la madre recae la responsabilidad de mantener una “familia unida”.
La segunda parte de la investigación contiene la visión de jóvenes de la población LGBTIQ+ quienes ponen en evidencia que la violencia intrafamiliar, la deserción escolar y el poco acceso al trabajo han sido elementos que han caracterizado la realidad de las personas de las diversidades, las disidencias sexuales y de género en el contexto de la COVID-19.
Como activistas jóvenes, como investigadores tenemos una base sólida para cuestionar la idea que de que todos los hogares son seguros para las mujeres, niñas y adolescentes, y concluimos que es urgente debatir y analizar la idealización que tenemos de la familia y el hogar.
Mientras buscamos que este debate se articule, nosotrxs decidimos ser “el lugar seguro” como activistas. Un lugar seguro, no es un espacio físico, no es teoría… Lxs activistas y cualquier persona puede construir espacios libres de violencia machista.